*** UN TERRORISTA: ÉL OBSERVA (WS)

La bomba explotará en el bar a las trece veinte.
Ahora apenas son las trece dieciséis.
Algunos todavía tendrán tiempo para entrar.
Otros, para salir.

El terrorista ya cruzó al otro lado de la calle.
Esta distancia lo protege de todo mal,
y además se ve como en el cine:

Una mujer con chamarra amarilla: ella entra.
Un hombre con lentes oscuros: él sale.
Unos muchachos con pantalón de mezclilla: ellos hablan.
Trece diecisiete y cuatro segundos.
El más bajito tiene suerte y se sube a una moto,
el más alto entra.

Trece diecisiete y cuarenta segundos.
Una muchacha: ella camina con un listón verde en el pelo.
Sólo que de repente ese camión la tapa.

Trece dieciocho.
Ya no está la muchacha.
Habrá sido tan tonta como para entrar o no,
eso ya se verá cuando los vayan sacando.

Trece diecinueve.
Parece que no entra nadie.
En vez de entrar, aún hay un gordo pelón que sale.
Pero parece que busca algo en sus bolsillos y
a las trece veinte menos diez segundos
regresa por sus miserables guantes.

Son las trece veinte.
El tiempo: cómo tarda.
Parece que ya.
Todavía no.
Si, ahora.
Una bomba: ella explota.

***
Wislawa Szymborska, Un terrorista: él observa –

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