*** LA CORTESÍA DE LOS CIEGOS (W.S.)

Un poeta lee poemas a unos ciegos.
No se imaginaba que fuera tan difícil.
Le tiembla la voz.
Le tiemblan las manos.

Siente que cada frase
debe superar la prueba de la oscuridad.
Tendrá que arreglárselas sola,
sin luces ni colores.

Peligrosa aventura
para las estrellas de sus poemas,
para la aurora, el arco iris, las nubes, los neones, la luna,
para el pez hasta ahora tan plateado bajo el agua
y para el halcón tan callado, alto en el cielo.

Lee -porque es ya demasiado tarde para no leer-
sobre el niño de la chamarra amarilla en el verde prado,
sobre los rojos tejados que se pueden contar en el valle,
sobre los vivaces números en las playeras de los jugadores
y sobre una mujer desnuda tras una puerta entreabierta.

Quisiera omitir -aunque eso no es posible-
a todos aquellos santos en la bóveda de la catedral,
aquel gesto de despedida desde la ventana del vagón,
la lente del microscopio y el destello en el anillo,
y las pantallas y los espejos y el álbum con rostros.

Pero grande es la cortesía de los ciegos,
grande es su comprensión y su magnanimidad.
Escuchan, sonríen i aplauden.

Alguno de ellos incluso se acerca
con un libro abierto al revés
pidiendo un autógrafo invisible para él.

Wislawa Szymborska, La Cortesía de los Ciegos –

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