*** CARTAS A UN JÓVEN POETA (R.M.R.)

Usted pregunta si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Anteriormente le preguntó a otros. Los lleva a las revistas. Los compara con otros, y se preocupa porque algunas redacciones los rechazan. Entonces (ya que me permite darle consejo), le suplico que renuncie a todo eso. Está usted mirando hacia fuera, y precisamente esto es lo que ahora no debería hacer. Nadie le puede aconsejar ni ayudar. Solamente existe una manera: entre en sí mismo. Escudriñe hasta descubrir el móvil que lo lleva a escribir. Averigüe si ese móvil extiende sus raíces en lo más hondo de su alma. Inquiera y reconozca si tendría que morirse en cuanto ya no le fuere permitido escribir. Esto ante todo: pregúntese en la hora más callada de la noche: ¿debo escribir? Vaya cavando y ahondando, en busca de una respuesta profunda. Y si es afirmativa, si usted puede ir al encuentro de tan seria pregunta con un “Sí, debo” firme y sencillo, entonces, conforme a esta necesidad, erija el edificio de su vida. Que hasta en su hora de menor interés y de menor importancia, debe llegar a ser signo y testimonio de ese apremiante impulso. Entonces intente decir, cual si fuese el primer hombre, lo que ve y siente y ama y pierde.

Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta –

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