*** ASOMBRO (K.W.)

¿Qué me dices, arroyo de montaña?
¿en qué lugar te encuentras conmigo?
conmigo que también voy de paso –
semejante a ti…
¿Semejante a ti?
(Déjame parar aquí –
déjame parar en el umbral,
he aquí uno de los asombros más sencillos).
Al caer, el torrente no se asombra.
Y los bosques bajan silenciosamente
al ritmo del torrente
– pero, ¡el hombre se asombra!
El umbral que el mundo en él traspasa
es el umbral del asombro.
(Antaño a este asombro lo llamaron “Adán”).

Estaba solo con este asombro
entre los seres que no se asombraban
– les bastaba existir para ir pasando.
El hombre iba de paso junto a ellos
en la onda de los asombros.
Al asombrarse, seguía surgiendo
desde esta onda que lo llevaba,
como diciendo a cada cosa alrededor:
“¡deténte! – en mí tienes el puerto”
“en mí está el lugar del encuentro
con el Verbo Eterno” –
“¡deténte! este pasar tiene sentido,
tiene sentido… tiene sentido… ¡tiene sentido!”

Karol Wojtyla, Tríptico Romano, I. Arroyo, 1. Asombro

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