*** LA INVITACIÓN (D.H.)

Cuando Dios entra en tu casa
es sólo por tu invitación,
pero incluso tu invitación es de Dios,
porque Ella siempre ha sido
dueña e inquilina,
ventanas y paredes,
el fuego en tu hogar
y el viento frío que sopla en tu puerta.

Al principio, sus visitas parecen muy bienvenidas.
Ella trae té y galletas y te ama
muy dulcemente dentro de tu propio corazón.
La sigues invitando a volver
con tus oraciones y meditaciones,
imaginando que hayas encontrado a quien siempre buscaste
a alguien que te esconderá en su corazón infinito
y quitará tu dolor para siempre.

Pero muy pronto, Ella comienza a llegar
inesperadamente, a horas extrañas del día y de la noche,
y cada vez que viene,
se lleva algo –
un cuadro bonito de aquí, un librero de allá,
tal vez incluso algo de la basura
en tu sótano
de la que con gusto te deshaces.

Pero en algún momento sucede
que Ella pretende mudarse a tu casa por completo.
Y ahora, la mente empieza a dar marcha atrás:
“Tal vez podrías volver otro día,
después de que haya arreglado mi casa,
después de que haya comprado unos muebles más bonitos,
después de que haya terminado mi lucha contra el mal,
después de que haya plantado un jardín de la paz”.

Pero debes saber
que si invitas a Dios,
tarde o temprano Ella se establecerá en tu casa.
y cuando lo hará, ten cuidado,
pues Ella echa fuera una por una todas las cosas
que no necesita, lo que,
en el caso de la personalidad,
significa todo lo que tú pensabas que eras.

Cada pensamiento y creencia más preciada
Ella los arroja al montón de basura,
y eso podría estar bien si los reemplazara con algo,
pero Ella nunca reemplaza esos pensamientos sagrados:
Ella los destruye completamente.
quita los revestimientos de las paredes,
y desprende la película protectora de las ventanas,
abre la puerta para invitar al viento
y a toda criatura que tú querías mantener fuera.

A veces limpia tu casa suavemente,
desmantelando habitación por habitación.
Pero a menudo, llega simplemente con una antorcha,
y tú sientes en tus entrañas arder el fuego
en el centro de su comodidad separada,
y observas como el contenido de tu casa
se va derritiendo y convirtiéndose en cenizas,
mientras que el viento se lleva el tejado…

Y justo cuando crees
que ya no queda nada que Ella podría tomar,
es cuando Ella abre el suelo debajo
del casco aún intacto de tu casa,
y todos los niveles de tu ser
caen en el espacio que no tiene nombre,
y tú te quedas solo en el mundo,
sin un mapa, sin una ruta, sin un punto de vista.

Y tú sabes que eres el creador de tus sueños,
tus sueños de montañas y ríos,
mares en calma y nubes de tormenta,
truenos, rayos y naves espaciales,
hermosos bebés dormidos en el pecho,
alegres bailes y cachorros jugando,
nuevas flores de la Primavera,
y la amenaza de la guerra del Invierno.

A estas alturas,
lo que tú eres dentro de tu casa
es simplemente Lo que se ve.
No queda nada, sólo lo que se ve,
pero todo lo que ves eres tú.
Ahora tu vida se pone al revés.
Tu cuerpo es el mundo del ser
mirando a través de Lo que simplemente es.

Y por extraño que parezca
a la mente de tu memoria,
estás disfrutando con cada danza tuya,
incluso aquellas penas de las que esperabas librarte,
las vives plenamente y sin arrepentimiento.
Porque en cualquier parte donde tu ojo pueda ver,
todo lo que ve es el amor infinito
desplegándose en la creación.

Y sólo para ser completamente honesto,
hay momentos en los que podrías estar tentado
de reconstruir tu casa de conceptos,
porque a la mente simplemente le encanta pensar,
pero el fuego de la Verdad reside dentro de ti,
donde siempre vivía, antes de que lo supieras,
y sigue revelando momento a momento
lo que es falso y lo que es verdadero.

Entonces, ¿qué se puede decir acerca de lo que sucede
cuando Dios toma el control de su casa?
Se ríe y simplemente toma su té,
lava sus platos y duerme cuando llega el momento,
luego va a encontrar otra casa
donde ha habido una invitación,
una invitación para entrar
desde el profundo, profundo amor de Sí misma.
______________________
Dorothy Hunt, La invitación –

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