*** MADUREZ TARDÍA (C.M.)

Tarde, ya en el umbral de mis noventa años
se abrió una puerta en mí y entré
en la claridad de la mañana.

Sentía cómo se alejaban de mí, como naves,
una tras otra, mis existencias anteriores con sus congojas.

Aparecían, otorgados a mi buril,
países, ciudades, jardines, bahías, para que los describiera
mejor que antaño.

No estaba separado de la gente, el pesar y la compasión
nos unieron y dije: olvidamos que todos somos
hijos del Rey.

Porque venimos de allí donde aún no hay
división entre el Sí y el No, no hay división entre el es,
el será y el ha sido.

Somos infelices porque hacemos uso de menos de
una centésima parte del don que habíamos recibido
para nuestro largo viaje.

Momentos de ayer y de siglos atrás
–Un golpe de espada, el pintarse las pestañas ante un espejo
de metal pulido, un disparo letal de mosquete, una carabela
rompiendo su casco contra un arrecife– moran en nosotros,
esperando una consumación.

Siempre supe que sería un trabajador en la viña,
como todos mis contemporáneos:
se den cuenta de ello o no.

Czeslaw Milosz, Madurez tardía –

No hay comentarios

Be the first to start the conversation!

Puedes dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s