Archives For Moniciones

debemos estar preparados para las sorpresas

porque la manera de cómo vemos las cosas

no es la manera de cómo Dios ve las cosas

y el objetivo es verlo todo a través de los ojos de Dios

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El Submarino, Meditando sobre las Lecturas del Domingo


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Hoy casi nadie recuerda a Apolonio de Tiana, pero en su época (los siglos I y II) su fama fue inmensa y se le atribuyeron muchos prodigios. Flavio Filóstrato, escritor griego algo posterior, escribió una Vida de Apolonio en la que nos narra uno de sus milagros.

Al principio del siglo II, una grave epidemia asolaba Éfeso. Tras intentar inútilmente muchos remedios, los efesios se dirigieron a Apolonio, quien acudió a Éfeso y les anunció la inmediata desaparición de la peste: Hoy mismo pondré fin a esta epidemia que los abruma.

Condujo al pueblo a uno de los teatros donde se levantaba una estatua en honor del dios protector de la ciudad y ahí vio a un mendigo vestido de harapos repelentes.

Tras colocar a los efesios en círculo en torno a ese miserable, Apolonio les dijo: Tomen tantas piedras como puedan y arrójenlas sobre este enemigo de los dioses.

Los efesios se preguntaron adónde quería ir a parar Apolonio. Les escandalizaba la idea de matar a un desconocido manifiestamente miserable que les pedía suplicante que tuvieran piedad de él.

Pero Apolonio insistía e instaba a los efesios a lanzarse contra él, a impedir que escapara.

Tanto habló en su contra que alguno creyó ver una mirada encendida en el mendigo, como la de un demonio, y entonces arrojó la primera piedra y luego otro lo hizo hasta que los efesios, convencidos de que tenían que habérselas con un demonio, lo lapidaron con tanto ahínco, que las piedras arrojadas formaron un gran túmulo alrededor de su cuerpo.

Pasado un momento, Apolonio los invitó a retirar las piedras y contemplar el cadáver del animal salvaje al que acababan de matar.

Una vez liberada la criatura del túmulo de proyectiles, comprobaron que no era un mendigo.

En su lugar vieron una bestia que se asemejaba a un enorme perro de presa, tan grande como el mayor de los leones.

Allí estaba, ante ellos, reducido a una masa sanguinolenta por sus pedradas y vomitando espuma como un perro rabioso.

En vista de lo cual se alzó una estatua a Heracles, el dios protector de Éfeso en el lugar en que se había expulsado al espíritu maligno.

Y así fue como desapareció la peste de Éfeso.

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René Girard, quien estudia este relato en su libro Veo a Satán caer como el relámpago, define como el horrible milagro, el haber desencadenado un contagio colectivo tan intenso que acaba polarizando a toda la población de la ciudad contra el infortunado mendigo.

Ninguno de los efesios rompe ese contagio colectivo pues hubiera caído con el mendigo, como un cómplice del demonio.

Una masa no puede escindirse.

Para eso —en lugar de desahogarse con pulsiones irracionales— tendría que reflexionar, tomar decisiones éticas, ponderar, limitarse.

Pero cuando una masa histérica actúa para liberarse contra una víctima única, su furia o su escarnio son imbatibles.

Una vez que la infortunada víctima ha quedado aislada, privada de defensores, nada puede protegerla ya de la masa desenfrenada. Todo el mundo puede encarnizarse contra ella sin temor a represalia alguna.

Los efesios —manipulados por el mago— mataron al mendigo, pero no enfrentaron realmente la peste de la ciudad.

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El Submarino, Lectio Divina —


tener grietas —

21 de septiembre de 2016 — Deja un comentario

yacía a la entrada de su casa

cubierto de llagas

tener heridas no es tan grave

pueden ser tu salvación

tener grietas no es una tragedia

es por donde Él entra

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El Submarino, Meditaciones [dermatológicas] sobre el Evangelio del próximo Domingo


nuestros invisibles —

20 de septiembre de 2016 — Deja un comentario

era invisible para él
y murió invisible para él
pero de pronto se volvió visible
vio a lo lejos a Abraham y a Lázaro

quiénes son nuestros invisibles
socialmente invisibles
eclesialmente invisibles

esos invisibles se están cansando se ser invisibles

nosotros no los vemos
pero Dios los ve
para Él “ellos” tienen nombre
un día vamos a ver a los que nos quisimos ver

Él sueña
con un mundo donde todos sean visibles
donde nadie tenga que morir invisible
una sociedad donde el dolor del hermano aparezca

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El Submarino, Meditando sobre el Evangelio del próximo Domingo



Origen: Domingo 25 de Septiembre 2016 – Domingo 26º T.O. C


Moniciones Ciclo C – Año de la Misericordia 


Tiempo Ordinario C (2)


 

Quién nos defenderá —

18 de septiembre de 2016 — Deja un comentario

¿Quién se levantará a defendernos cuando llegue el momento de dar cuentas de nuestra vida?

— Aquellos a los que hemos perdonado sus deudas —

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El Submarino, Meditando sobre el Evangelio de Hoy


 

Administrar de otra manera —

18 de septiembre de 2016 — Deja un comentario

qué voy a hacer ahora que me quitan el trabajo

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si nos confrontamos con las etapas de la vida

y también con el fin de la vida misma

si queremos prepararnos para el momento

en el que las cosas nos serán quitadas

qué podemos hacer

 

podemos iniciar a administrar

nuestros bienes

[y nuestras razones]

como nunca antes

 

cancelando las cuentas

rebajando las deudas

anulando las distancias

simplificando las situaciones

 

el perdón surge mucho más fácil

en  nuestro corazón

cuando nos damos cuenta de

que hemos tenido tantas cosas en la vida

y que no hemos aprovechado tantas oportunidades

 

es entonces cuando iniciamos a ser

menos duros con los demás

menos intransigentes

más humanos

mas comprensibles

más dispuestos a dejar las cosas

 

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El Submarino, Meditando sobre el Evangelio de Hoy

A quién veo —

17 de septiembre de 2016 — Deja un comentario

 


cuando
digo
Dios

cuando
pienso
en
Dios 

a
quién
veo

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El Submarino, Preguntando no más —


 

Deo optimo maximo —

17 de septiembre de 2016 — Deja un comentario

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En la mitología griega Zeus es el «padre de los dioses y los hombres», que gobernaba a los dioses del Olimpo como un padre a una familia, de forma que incluso los que no eran sus hijos naturales se dirigían a él como tal. Era el rey de los dioses que supervisaba el universo. Era el dios del cielo y el trueno. Su equivalente latino es Júpiter.

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Como que me parece que —para efectos prácticos— nosotros seguimos manejando esa idea pagana de Dios —


 

El espejo perdido –

16 de septiembre de 2016 — Deja un comentario

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En Génesis (18, 1-8) el Señor se le aparece a Abraham bajo figura de tres hombres.

Abraham se inclina ante ellos y los llama «mi Señor».

Les suplica que acepten su hospitalidad y les ofrece comida y bebida.

Es el hombre alimentando a Dios.

Tomará mucho tiempo cambiar esta idea en la imaginación humana.

«Seguramente —deberá pensar Abraham— nosotros mismos, no estamos invitados a esta mesa divina». 

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Esta historia inspiró a Andrei Rublev (s. XV) a crear su icono «La hospitalidad de Abraham» o simplemente «La Trinidad».

El icono representa al Dios Uno en forma de Tres, comiendo y bebiendo.

Podemos observar que la mano del Espiritu Santo [color verde] apunta hacia el espacio libre en la mesa.

¿Estará el Espíritu Santo invitando, ofreciendo y creando espacio?

¿Para quien?

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En la parte frontal de la mesa podemos observar un pequeño rectángulo.

Para la mayoría de las personas pasa desapercibido.

Pero algunos historiadores creen que los residuos de pegamento que se encuentran en el icono original, indican que quizá había un espejo pegado en la parte frontal de la mesa.

O sea que en esta mesa había espacio para una cuarta persona.

Para el observador.

Para ti.

Estás invitad@ a sentarse a la mesa divina.

El espejo parece haberse perdido con el pasar de los siglos: en el icono y en nuestra comprensión práctica de quién es Dios, y de quiénes somos nosotros.

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Ven, siéntate a mi mesa.

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El Submarino, El espejo perdido. Meditaciones secretas sobre la Trinidad  de Rublev —