Dos mitades del alma: Contemplación y Acción —

9 de mayo de 2017 — Deja un comentario

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Dos mitades del alma: Contemplación y Acción

Por Thomas M. Huckleberry[1]


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Jesús está en su camino a Jerusalén y se detiene en la casa de sus amigas Marta y María.[2] Marta sale de la casa para saludarlo, mientras María se sienta a los pies del Señor y permanece escuchando sus palabras.

Allí vemos inmediatamente una diferencia en tipos de personalidad. La personalidad activa de Marta, la ocupada, la organizadora, desea hacer que las cosas sucedan. Y María es la calmada, reservada, el tipo contemplativo, ella se queda sentada a los pies de Jesús, escuchándolo.

Marta es capaz de hacer muchas cosas. Pero como —suele suceder— algunas cosas fallan. Se le escapan de las manos. No lo puede controlar todo. No todo sale como ella quisiera.

Y entonces —en medio de sus muchas tareas y quehaceres— se vuelve insoportable. Para los demás y para ella misma. Y sin embargo ella sólo está tratando de conseguir preparar una buena comida, quiere ser hospitalaria.

Va hacia el lugar donde Jesús está hablando y se convierte en una especie de terrorista doméstico, mostrando su enojo y frustración. Trata de descargar este sentimiento suyo de malestar en los demás. Quiere que los demás se enteren.

Creo que todos nos identificamos y simpatizamos con Marta. ¿Quién no se ha sentido a veces como ella?

Marta está claramente en un estado de sufrimiento, aislada, paranoica, enojada, abrumada, se siente abandonada. Está estresada. Fragmentada. Frustrada. Desintegrada. Amargada.

***

En un nivel espiritual más profundo las dos hermanas no representan sólo dos tipos de personalidad, sino las dos mitades del alma humana. Esto se ve en la manera cómo Jesús responde a Marta.

Con calma y de manera amistosa, Jesús le explica a Marta, en primer lugar, que ella está fuera de contacto consigo misma. Jesús dice su nombre dos veces para traerla de vuelta: «Marta, Marta, te estás quejando y preocupándose por tantas cosas», le dice. «Te inquietas y agitas por muchas cosas».

Jesús no la culpa, sino que diagnostica su problema al señalar cómo se ha separado de su otra mitad: su hermana. Él le dice a Marta que ella se ha vuelto inmanejablemente estresada por sus muchas tareas, mientras que «sólo una cosa es necesaria».

¿Podríamos decir que la única cosa necesaria es restablecer la amistad entre las hermanas en su propia casa?

Marta y María no son sólo dos tipos de personalidad. Ciertamente, los seres humanos presentamos tipos diferentes, algunos extrovertidos, solucionadores de problemas, otros son tipos más tranquilos que se conforman con sentarse en un rincón y escuchar.

Jesús está diciendo más que eso. Marta y María representan los dos aspectos del alma humana que necesitan amigarse y vivir juntos de una manera integrada y total en la casa del alma.

***

Marta es obviamente el símbolo de la actividad, pero la actividad que ha perdido contacto con la experiencia de sí misma. Ella manifiesta las consecuencias de la acción que ha perdido contacto con la contemplación.

Marta y María son hermanas, están viviendo en la misma casa y ambas son igualmente amigas de Jesús. Así que tenemos las dos mitades del alma humana.

La «única cosa necesaria» es que las dos partes de nuestro ser, contemplación y acción, se integren y se armonicen.

Marta y María son hermanas, dos dimensiones complementarias de la persona. Sin la quietud de María en el centro, sentada a los pies del Maestro escuchando, nos volveríamos como Marta, irritables, quejosos, descontentos, distraídos, insoportables. Al final no seríamos productivos en el trabajo que hacemos.

De hecho, tanto Marta como María están trabajando, una exteriormente y otra interiormente. La contemplación no es un escape de nuestra vida productiva. Es parte de nuestro trabajo y nos ayuda a realizar la otra parte mejor. María y Marta son como dos compartimentos de un mismo corazón. No solamente se complementan la una a la otra, sino que necesitan una de la otra para tener una vida completa.

El error de Marta es no entender que María también estaba trabajando en un «trabajo interior», contemplando a Jesús.

Es necesario incluir la contemplación, el silencio, en nuestras vidas, en nuestro trabajo.

El descanso es un tipo de trabajo, también necesario. Se necesita trabajar y descansar para que la vida continúe y sea viable.


Esta es la ley de los espacios blancos entre las palabras.


Trabajar compulsivamente arruina la vida familiar y la salud. El que hace esto piensa que el descanso y las vacaciones no son productivas.

El descanso y la contemplación son el trabajo que yace debajo de cualquier otro trabajo. La oración es parte de este trabajo.

Las dos hermanas representan las dos caras de la naturaleza humana. Jesús está allí para reinstaurar la armonía entre ellas. Marta y María son hermanas inseparables. De alguna manera todos somos Marta y María, casi siempre fuera de equilibrio.

***

Jesús dice algo que podría ser malinterpretado como algo descalificador hacia Marta: «María ha escogido la mejor parte, que no le será quitada».

En realidad, Jesús está diciendo que se trata de ser antes que de hacer y que la calidad de nuestro ser determina la calidad y la eficacia de todas nuestras acciones.

No sabemos cómo responde Marta. ¿Levantará sus manos en desesperación y saldrá golpeando la puerta, o de repente se calmará y hará lo que debería haber hecho en un principio, es decir: pedir a María que la ayude? Sería la prueba del trabajo de María. Si María hubiera dicho «No. Estoy contemplando, déjame en paz», se habría mostrado su trabajo como inauténtico. Si hubiera dado un salto y para ayudar, su otro lado habría estado en armonía.

Todos somos Marta y María. El desequilibrio está representado aquí por Marta. Lo único necesario es conseguir que las dos mitades del alma estén en amistad y equilibrio.

Hay muchas formas en que esto se puede hacer.

Lo más importante es —por supuesto— recuperar el trabajo que María está haciendo. Marta había olvidado el valor de la «no-acción» de María: a  pesar de que María parece no estar haciendo nada, ella está trabajando: escuchando, prestando atención y permaneciendo en silencio.

No es para despreciar a Marta que llevamos dentro, sino para recordarnos que el ser viene antes del hacer. Que si no estamos en relación con nosotros mismos—en una armonía esencial— si no estamos en contacto con nuestro centro, con Dios que vive en nosotros, entonces, todas nuestras actividades se nos volverán una carga insoportable.

¿Cómo recuperamos esta unidad, esa harmonía interior? ¿Cómo se reconcilia esas dos mitades de nuestro ser: el activo y el contemplativo, para que podamos hacer todas las cosas que nos toca hacer no de manera estresada, enojados, sino en alegría, en paz?

Es muy importante esa pregunta.

Lo que podemos decir es que Marta y María al principio de la historia aparecen como dos tipos de personalidad. Al final de la historia nos movemos hacia un sentido profundo del misterio del ser humano. Marta y María aparecen ahora como dos mitades del alma humana, que necesitan estar en equilibrio y armonía.

[1] Adaptado de: Laurence Freeman, The Two Halves of the Human Soul —

[2] Lc 10, 38-42.


 

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