Moniciones

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CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE «MOTU PROPRIO»

DEL SUMO PONTÍFICE FRANCISCO «Verbum Abbreviatum»

con la que se disponen algunas medidas sobre la homilía

«El Verbo se ha abreviado» («Ho Logos pachynetai»): con esta sugestiva expresión tomada de san Pablo (Rm 9, 28) Orígenes describía precisamente el misterio de la encarnación y natividad del Señor que, a su vez es imagen de la misma Escritura (Peri archon, 1, 2, 8). Dios se ha abajado, se ha humillado hasta nosotros, ha «abreviado» su grandeza para que le pudiéramos entender. Los ministros sagrados, servidores de este mismo Dios, deben seguir las huellas del maestro y hacerse pequeños, comprensibles, porque en su «abreviación» reciben los fieles la «abreviación» de Dios.

En la exhortación postsinodal Evangelii Gaudium traté ampliamente el tema de la Evangelización, poniendo especial énfasis en la predicación y, en particular, en la homilía, que debía convertirse en «un reconfortante encuentro con la…

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Moniciones

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¿Qué es leer en la Asamblea Litúrgica?

1. Leer es entregar la Palabra: hacer que llegue a todos en las mejores condiciones posibles.

2. A través del lector la Letra (muerta) se convierte en Palabra (viva). [Que no sea un zombi]

3. Leer es dar vida a un texto. Es entregar un mensaje que interpela, que produce reacción, crisis, comunicación.

4. El primer nivel —imprescindible— es entender lo que estás diciendo: hacerte responsable de las frases que salen de tu boca.

5. Para transmitir a la Asamblea la energía (es decir, la gracia) contenida en el texto que vas a leer, debes encontrar en ti ese lugar que vibra con la palabra que estás comunicando (ese lugar no se encuentra en tu cabeza, sino más abajo… ).


Si no la ensayaste, no la leas

6. Si no has estudiado la monición (la lectura, el salmo, la…

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Moniciones

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Se puede definir «monición» como «un texto breve que se lee y sirve de introducción o explicación en algunos momentos de la misa o de alguna otra celebración litúrgica».

Parto del principio que no son elementos indispensables en la celebración, sino simples posibilidades. Por tanto, usar las moniciones y la forma de hacerlo, depende de quien preside la celebración.

A partir de aquí, quería comentar cómo las utilizo y para qué creo que pueden ser convenientes o no.

Por principio apenas las utilizo. Para empezar me parecen innecesarias la mayor parte de las veces y en no pocas ocasiones un relleno que no te deja vivir la celebración en paz.

Cuántas veces no nos ha tocado «sufrir» moniciones sin parar a lo largo de toda la celebración: en la entrada, antes del acto penitencial, del gloria, en cada una de las lecturas, al credo, ofrendas, plegaria, padrenuestro…

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Es por demás evidente que en la mayoría de los casos es una persona la que elabora las moniciones y otra distinta la que las lee durante la misa. Y esto tiende a crear un grave y frustrante problema (vaya que lo digo por experiencia): la traición a la buena monición. Y lo digo así para manifestar claramente que la intención de quien elaboró la monición fue una y otro el resultado de quien la leyó. Me explico con ejemplos:

 — La mala (a veces pésima) lectura de la monición. Cuando el monitor no tiene en cuenta los signos de puntuación, por ejemplo, entonces es fácil quitarle el espíritu al texto de la monición. O no sabe darle intensidad, brillo, pronunciación, a la lectura de la monición. Es una realidad: no todos están preparados para leer en público, y tampoco todos están preparados para leer moniciones en misa.

Lecturas rutinarias o carentes de espíritu. Se trata sencillamente de leer sin alma, vida y corazón. Se lee, pero no se da vida al texto. Esto es un asesinato a sangre fría de la monición.

[Tomado de Wilson Uriel Velasquez Medrano, ¿Qué son las moniciones a la Palabra de Dios?]


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Fue una partida fría, justamente
La época peor del año para un viaje,
Y un largo viaje como el nuestro:
Los caminos ruinosos y los climas punzantes,
La verdadera muerte del invierno.
Y los camellos se llagaban,
Las patas lastimadas, refractarios,
Se echaban en la nieve derretida.
Sentíamos a veces la añoranza
De los palacios en verano
Sobre suaves laderas, las terrazas,
Y las chicas sedosas trayendo los refrescos.

Luego, los camelleros con sus protestas y blasfemias,
Que huían, o pedían licores y mujeres,
Y en la noche los fuegos se apagaban,
Y no encontrábamos refugios, y eran
Hostiles las ciudades, desconfiados los pueblos
Y las aldeas sucias, todos recargando los precios:
Fueron días difíciles. Al fin,
Preferimos viajar toda la noche,
Durmiendo a ratos,
Con las voces cantando en nuestro oído,
Diciéndonos que todo, todo era una locura.

Luego, al alba, bajamos hasta un valle templado,
Húmedo, al pie de la línea de nieve, fragante de espesura,
Con un torrente y un molino de agua que batía la sombra con sus aspas,
Y tres árboles solos contra un cielo cercano.
Y un viejo caballo blanco huyó al galope sobre la pradera.
Después llegamos a una fonda que encima del dintel tenía hojas de parra,
Por una puerta abierta seis manos que jugaban a los dados por monedas de plata
Y unos pies que pateaban unos odres vacíos.
Pero no había información, y continuamos
Y así llegamos al anochecer, encontrando el lugar
En el momento justo… Fue (me podrían decir) satisfactorio.

Todo esto fue hace mucho, lo recuerdo,
Y lo haría de nuevo, pero aclarando antes,
Esto aclarando,
Esto: ¿fuimos guiados
Durante todo ese camino para
Un Nacimiento o una Muerte?
Hubo, por cierto, un Nacimiento,
No hay dudas, lo pudimos comprobar.
Yo había visto nacimientos y muertes,
Pero había pensado que eran algo distinto;
Este otro Nacimiento para nosotros fue
Una agonía ardua y amarga, como la Muerte, nuestra muerte.
Regresamos así a nuestros países, a nuestros Reinos,
Pero ya no hubo paz para nosotros,
Aquí en los viejos usos, con un pueblo
De extraños aferrados a sus dioses.
Yo querría morir con otra muerte.

***
T.S. Eliot, El viaje de los reyes magos [1927] —

Ocho meses pasaron, yo a lomo
de burro, José a pie
noventa millas a Belén

Nuestra cueva es fría y húmeda
los bueyes golpean el suelo con sus patas
en protesta por la invasión, dos nerviosas

palomas se alborotan entre las vigas como si
supieran que rompí aguas

sobre los lomos del burro, que miraba
desorientado para ver de dónde viene
este aguacero tibio de junio

en diciembre. El implacable dolor
esperando la hora, mientras
José recogía la paja

sucia de los rincones del establo
para hacer una cama; mi taburete
de parto: un pesebre roto

Empujo al niño en sus
rugosas manos cuando la puerta
del establo rechina y tres

potentados orientales se postran
ante el bebe que llora —
la placenta en el suelo — Ellos traen

regalos en dromedarios por
de las arenas de Arabia, tendiendo
oro, incienso y mirra

a nuestros pies, cuando yo necesito una vasija
de agua caliente, toallas
limpias, y muchos pañales.

***
Kilian McDonnell, Una anciana recuerda (Belén) —

Embarazada antes de la noche
de bodas, una niña va a tener
un bebé, siento sus miradas

cuando las mujeres del pueblo
me ven pasar por la plaza,
cuchicheos, repentinos

silencios en el mercado cuando
pido el ajo para los frescos
pepinos del rancho,

cada elección implica un sacrificio
mañana — en las esquinas miradas
y risas de los adolescentes. Asombro

secreto ante la madre soltera.
(¿Cuánto tiempo lleva ocurriendo
eso?) Nadie se sienta a mi lado

en la banca en la sinagoga.
Veo ojeras debajo de los ojos
oscuros de José. Estoy sola.

***
Kilian McDonnell, Una anciana recuerda (La Vergüenza) —

Bellini se equivoca.
Yo no estaba de rodillas
sobre mi cojín de raso,
en un rayo de luz,
y con la cabeza ligeramente
inclinada.

Los pintores siempre
distorsionan la escena,
como si mi vida
estuviera envuelta en sedas,
en olores del templo.

En realidad, acababa
de regresar del pozo,
iba a dejar el jarrón sobre la mesa
cuando me estampé contra el borde
derramando el agua sobre el suelo.

Mientras me agachaba para
recogerla, apareció una luz
sobre la pared de la cocina,
como si alguien hubiera abierto
la puerta al sol.

Con el trapo en la mano,
y cabellos en la cara,
me volteé para ver
quién iba entrando,
sin anunciarse, inesperado.

Todo lo que veía
era luz
blanca sobre las tablas.
Una voz que jamás
había escuchado me saludó,

dijo que yo fui elegida, que daría
a luz un hijo que reinaría
para siempre. El espíritu descendería
sobre mí.
Me dio miedo.

Alguien cerró la puerta
y yo deje caer el trapo.

***
Kilian McDonnell, Una anciana recuerda (En la cocina) —

2 Peter 1:16. Eyewitnesses Of His Majesty


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Lecturas


MONICIÓN INICIAL

Es Miércoles de Ceniza. Y nos reunimos para iniciar juntos la Cuaresma.

Para nosotros es un día muy especial, en el cual la Iglesia nos ofrece un rito de perdón y de reconciliación.

La imposición de la ceniza es símbolo –sobre todo– de abrirse a la misericordia divina.

En la Misa de hoy se omite el Acto Penitencial, que se realizará en la imposición de la Ceniza, que llegará luego de escuchar las lecturas bíblicas y la homilía del sacerdote.

Después de la explicación de la Palabra de Dios, el celebrante bendecirá la ceniza y comenzará su imposición.

La Cuaresma ha empezado.


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Lecturas


MONICIÓN INICIAL (opción 1)

Escucharemos hoy en el Evangelio cómo Jesús sana a un leproso.

Cada uno de nosotros se presenta hoy ante Dios con una tristeza, con una enfermedad, con un malestar.

Venimos para suplicarle al Señor que nos sane.

Ahora estamos en este momento preciso de encuentro, momento de purificación y de cambio.

***

***

Señor, purifícanos.

Sánanos.

Transfórmanos.


Querido monitor/a: Los puntos (.) se entonan hacia abajo. SIEMPRE.


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Lecturas


MONICIÓN INICIAL

Jesús viene a curar todas las enfermedades, todas nuestras dolencias.

Pero no viene a cumplir nuestras expectativas.

Viene para abrirnos a un nuevo horizonte. A una vida más sabia y más abierta a Dios y al prójimo.

***

Señor, abre nuestros corazones.

Rompe las cadenas de nuestro egoísmo.

Ábrenos a tu amor.

Para que dignamente participemos en este Santo Sacrificio.  


Querido monitor/a: Los puntos (.) se entonan hacia abajo. SIEMPRE.


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Lecturas


MONICIÓN INICIAL (opción 1)

No estamos solos: el Señor viene siempre de nuevo.

Nos presentamos ante Él.

Sabemos que nos somos dignos.  No somos dignos de escuchar su palabra llena de poder: poder que es amor.

***

Purifícanos, Señor. Purifica a todos nosotros aquí reunidos.

Para que nuestros oídos estén abiertos a tus palabras y los corazones a tu amor.


Querido monitor/a: Los puntos (.) se entonan hacia abajo. SIEMPRE.


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Lecturas


MONICIÓN INICIAL

Venimos a Aquel que nos espera.

Y para cada uno de nosotros tiene un regalo. Una palabra. Una luz. Una sonrisa. Estemos abiertos a esto.

Y la condición de esto es la purificación de nuestros corazones.

Para que haya en nosotros espacio. Para su luz. Y para su palabra.

***

Perdónanos, Señor, todo lo que en nosotros hay de oscuro.

Purifícanos con tu luz.     


Querido monitor/a: Los puntos (.) se entonan hacia abajo. SIEMPRE.


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Lecturas


MONICIÓN INICIAL

El lunes pasado concluimos el tiempo litúrgico de Navidad. Y ahora entramos en este color verde de la liturgia  —el color de la esperanza— que nos acompañará hasta el día 14 de febrero —el Miércoles de Ceniza— cuando iniciaremos nuestro camino cuaresmal.

Ahora iniciamos este tiempo aparentemente ordinario. Y sin embargo tan rico. Porque en él —continuamente— está presente Cristo. Que nos llama a seguirlo. Como escucharemos en el Evangelio de hoy.

***

Señor, purifícanos y apaga en nosotros toda ira, toda oscuridad.

Despierta en nosotros tu luz. Para que seamos dignos de presentarnos ante ti. Y escuchar tu voz. 


Querido monitor/a: Los puntos (.) se entonan hacia abajo. SIEMPRE.


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El día de hoy, después del Evangelio (o bien en otro momento idóneo, como por ejemplo en el silencio después de la Comunión), se puede proclamar el anuncio de la fecha de la Pascua y de las demás fiestas del año.


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ANUNCIO DE LA PASCUA Y DE LAS CELEBRACIONES MÓVILES

 Queridos hermanos,

con el favor de la misericordia de Dios

—así como nos hemos alegrado por el Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo—

les anunciamos la alegría de la Resurrección de nuestro Salvador.

El día 14 de febrero será el Miércoles de Ceniza,

comienzo del ayuno de la Sagrada Cuaresma.

El día 1 de abril celebraremos con alegría la Santa Pascua de Nuestro Señor Jesucristo.

El día 13 de mayo: la Ascensión del Señor.

El día 20 de mayo: la Fiesta de Pentecostés.

El día 31 de mayo: la Fiesta del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo.

El día 2 de diciembre será el primer Domingo del Adviento de Nuestro Señor Jesucristo,

a Quien sea el honor y la gloria por los siglos de los siglos.

Amén.